Desde la ventana de mi ciudad

domingo, 30 de marzo de 2014

Emotivo Pregón del Costalero que se fue al Cielo de Gethsemaní

Texto: Web Cruz de Guía Úbeda.


Se llenó el salón de actos de la Casa de Cofradías para escuchar, en la noche del 29 de marzo, el Pregón del Costalero pronunciado por Juan de Dios Peñas García-Blanca.

Al comienzo del acto, la Hermandad de Costaleros del Santísimo Cristo de la Pasión entregó un reconocimiento a Francisco Luis Sáez Aparicio el cual, por encomienda del obispado, dirigió la cofradía mientras ésta se encontraba sin un hermano mayor electo, por no reunir ninguno de los cofrades los requisitos indispensables para presentarse a unas elecciones.

La presentación del pregonero corrió a cargo de su padre, Juan de Dios Peñas Martínez, veterano cofrade que, en la década de los 70 y de los 80 fue presidente de la Cofradía de Nuestro Señor de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora de la Esperanza. Fueron muchísimos los hermanos de esta cofradía que se dieron cita en la casa de cofradías para escuchar al padre, pero sobre todo al hijo.



Juan de Dios Peñas Martínez se mostró satisfecho por haber sabido trasladar a sus hijos el amor por nuestras cofradías los cuales, con su vitalidad, aseguran a éstas un magnífico presente y un prometedor futuro. Del pregonero dijo que es imposible ser más ubetense que él, que nació un día de San Miguel, en el Hospital de Santiago. Añadió que se trata de un enamorado de su pueblo y de sus tradiciones y lo definió como alguien noble, sensible, sincero, con cierto sentido del humor y serio cuando la ocasión lo requiere. Narró también los inicios del pregonero como cofrade, participando, en la mañana del Jueves Santo, en la procesión de la Cofradía de la Oración en el Huerto, junto a toda su familia.

Juan de Dios Peñas García-Blanca, vicehermano mayor de la Cofradía de la Oración en el Huerto y cofrade de la Hermandad de Costaleros, comenzó su pregón con el fondo fotográfico de la Plaza de Santa María, esa plaza que tanto gustaba a su amigo y cofrade Juan Pedrosa, fallecido el pasado año. Su pregón, dedicado a sus padres que lo enseñaron a rezar y lo vistieron por primera vez con una túnica, fue un continuo diálogo con Pedrosa, pero un diálogo no desde la tristeza o la melancolía, sino desde la alegría de saberlo en el eterno Gethsemaní del Cielo, seguramente organizando alguna procesión, con el resto de cofrades, a quienes nombró, y que ya gozan de la plenitud eterna de la presencia del Padre. El diálogo con su amigo estuvo salpicado de anécdotas jocosas, ninguna triste aunque las hubo, como intentando dejar claro al auditorio que, para un cristiano, la muerte no es el final, sino el principio de una vida nueva y mejor.



El pregonero realizó un repaso por los sentimientos que le inspiran todas y cada una de nuestras hermandades y rememoró los 25 años en que, junto a sus amigos, fue costalero (“achuchatronos” o “cuadrillero” se definió a si mismo) del paso de la Virgen de la Amargura, haciendo hincapié en las inquebrantables amistades que hizo como consecuencia de aquella experiencia cofrade.

Quienes conocen a Juande saben que se trata de una persona de criterio, que jamás deja a nadie indiferente con sus opiniones y que siempre “se moja” y se mojó defendiendo el cambio de la imagen titular de la Hermandad de Costaleros, porque Dios es sólo uno y la devoción no depende del tamaño o la factura de una imagen. Igualmente realizó una apología de nuestra Procesión General, añadiendo que “Úbeda es una ciudad cargada de historia, de arte y de tradición, que pertenecemos a la Semana Santa y tenemos que seguir la corriente de nuestros antepasados, porque uno no conoce en Úbeda un monumento mejor que la Procesión General”.



Concluyó con un extenso capítulo de agradecimientos, el más importante de ellos a Nuestro Señor de la Oración en el Huerto y a Nuestra Señora de la Esperanza “a quienes les debo todo” dijo.

“Para el justo la paz extiende su dilatado horizonte tras la muerte” fueron palabras dedicadas al abuelo del pregonero, en el día de su fallecimiento, por Juan Pasquau y que él quiso dedicar a su amigo Juan Pedrosa, como broche final de un enorme pregón que fue directamente a parar al Cielo de Gethsemaní.





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